EL PATITO FEO


El Patito Feo. Versión de C. Pinkola Estés del cuento de Hans Christian. Andersen.

Extractos y resumen recopilados por Marina Parés. Septiembre 2003.

EL PATITO FEO

El Patito Feo fue escrito en 1845. En los últimos dos siglos este cuento ha sido uno de los pocos cuentos que han animado a varias generaciones sucesivas de seres "extraños" a resistir hasta encontrar a los suyos . Contiene una verdad fundamental para el desarrollo humano que, sin la asimilación de este hecho, el ulterior progreso de una persona seria precario y ésta no podria prosperar del todo desde un punto de vista psicológico sin resolver antes esta cuestión.

Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenido suerte. Es posible que seas una persona exiliada, pero has protegido tu alma. Cuando alguien intenta repetidamente encajar y no lo consigue, se produce un extraño fenómeno.

Cuando la persona es rechazada, cae directamente en brazos de su verdadero pariente psíquico, que puede ser una materia de estudio, una forma artística o un grupo de personas.

Es peor permanecer en el lugar que no nos corresponde en absoluto que andar perdidas durante algún tiempo, buscando el parentesco psíquico y espiritual que necesitamos. Jamás es un error buscar lo que una persona necesita. Jamás.

El exilio consolida y fortalece en cierto modo al patito.Aunque se trate de una situación que no le desearíamos a nadie por ningún motivo, su efecto es similar al del carbón natural puro que, sometido a presión, produce diamantes y, al final, conduce a una profunda magnitud y claridad de la psique.

Se acercaba la estación de la cosecha. Las viejas estaban confeccionando unas muñequitas verdes con gavillas de maiz. Los viejos remendaban las mantas. Las muchachas bordaban sus vestidos blancos con flores de color rojo sangre. Los chicos cantaban mientras aventaban el dorado heno. Las mujeres tejían unas ásperas camisas para el cercano invierno. Los hombres ayudaban a recoger, arrancar, cortar y cavar los frutos que los campos habían ofrecido. El viento estaba empezando a arrancar las hojas de los árboles, cada día un poquito más. Y allá abajo en la orilla del río una mamá pata estaba empollando sus huevos.

Para la pata todo marchaba según lo previsto hasta que, al final, uno a uno los huevos empezaron a estremecerse y a temblar, los cascarones se rompieron y los nuevos patitos salieron tambaleándose. Pero quedaba todavía un huevo, un huevo muy grande, inmóvil como una piedra.

Pasó por allí una vieja pata y la mamá pata le mostró su nueva prole.

- ¿ A que son bonitos? – preguntó con orgullo.

Pero la vieja pata se fijó en el huevo que no se había abierto y trató de disuadir a su amiga de que siguiera empollándolo.

- Es un huevo de pavo – senteneció la vieja pata- no es un huevo apropiado. A un pavo no se le puede meter en el agua, ¿sabes?.

Ella lo sabía porque lo había intentado una vez.

Pero la pata pensó que, puesto que ya se había pasado tanto rato empollando, no le molestaría hacerlo un poco más.

- Eso no es lo que más me preocupa -dijo- ¿Sabes que el muy bribón del padre de estos patitos no ha venido a verme ni una sola vez?.

Al final, el enorme huevo empezó a estremercerse y a vibrar, la cáscara se rompió y apareció una inmensa y desgarbada criatura. Tenía la piel surcada por unas tortuosas venas rojas y azules. Las patas eran de color morado claro y sus ojos eran de color rosa transparente.

La mamá pata ladeó la cabeza y estiró el cuello para examinarlo y no tuvo más remedio que reconocerlo: era decididamente feo.

A lo mejor es un pavo -penso, preocupada. Sin embargo,cuando el patito feo entró en el agua con los demás polluelos de la nidada, la mamá pata vio que sabía nadar perfectamente- Sí, es uno de los míos, a pesar de este aspecto tan raro que tiene. Aunque bien mirado…me parece casi guapo.

Así pues lo presentó a las demás criaturas de la granja, pero, antes de que se pudiera dar cuenta, otro pato cruzó como una exhalación el patio y picoteó al patito feo directamente en el cuello.

- – ¡Detente! – gritó la mamá pata.

Pero el matón replicó:

- Es tan feo y tan raro que necesita que lo intimiden un poco.

La reina de los patos con su cinta roja en la pata comentó:

- ¡Vaya otra nidada! . Como si no tuvieramos suficientes bocas que alimentar . Y aquel de allí tan grande y tan feo tiene que ser una equivocación.

- No es una equivocación -dijo mamá pata- Será muy fuerte. Lo que ocurre es que se ha pasado demasiado tiempo en el huevo y aún está un poco deformado. Pero todo se arreglará, ya lo verás -añadió, alisando las plumas del patito feo y lamiéndole los remolinos de plumas que le caían sobre la frente.

Sin embargo los demás hacían todo lo posible por hostigar de mil maneras al patito feo. Se le echaban encima volando, lo mordían, lo picoteaban, le silbaban y le gritaban. Conforme pasaba el tiempo, el tormento era cada vez peor. El patito se escondía, procuraba esquivarlos, zigzagueaba de derecha a izquierda, pero no podía escapar. Era la criatura más desdichada que jamás hubiera existido en este mundo.

Al principio, su madre lo defendía, pero después hasta ella se cansó y exclamó exasperada:

- Ojalá te fueras de aquí.

Entonces el patito feo huyó.

En la granja

El patito es un símbolo de la naturaleza salvaje que, cuando las circunstancias obligan a pasar penurias nutritivas, se esfuerza instintivamente y se agarra con fuerza, a veces con estilo y otras con torpeza.

Las distintas criaturas de la aldea contemplan al patito "feo" y de una u otra forma lo consideran inaceptable. En realidad, no es feo, pero no se asemeja a los demás. ¡Es tan distinto!.

Al principio, la mamá pata intenta defender al patito que cree suyo. Pero, al final, se siente emocionalmente dividida y deja de preocuparse por aquel extraño retoño.

Sus hermanos y otras criaturas de la comunidad se le echan encima, lo picotean y lo atormentan. Quieren obligarlo a irse, pero el patito feo se muere de pena al verse rechazado por los suyos, lo cual es terrible, pues él no ha hecho nada para merecer este trato como no sea el hecho de ser distinto y comportarse de manera distinta, De hecho, sin haber alcanzado siquiera la mitad de su desarrollo, el patito padece un fuerte complejo psicológico.

Por regla general, el exilio se inicia sin culpa por parte del interesado y se intensifica por medio de la incomprensión, la crueldad de la ignorancia o la maldad deliberada de los demás. En tal caso, el yo básico de la psique sufre una temprana herida. Cuando ello ocurre, la víctima empieza a creer que las imágenes negativas que le ofrecen de ella son totalmente ciertas. Empieza a creer que es débil e inaceptable, y así lo seguirá creyendo por mucho que se esfuerce en modificar la situación.

La mamá pata tiene varias cualidades. Representa simultáneamente a la madre ambivalente, la madre derrumbada y la madre no mimada.

Como madre ambivalente: Se siente atacada por el hecho de tener un hijo distinto. Se siente emocionalmente dividida y, como consecuencia de ello, se derrumba y deja de preocuparse por el extraño hijo. Aunque al principio intenta mantenerse firme, la singularidad del patito pone en peligro su seguridad dentro de la comunidad y entonces esconde la cabeza y se zambulle.

La madre se doblega a los deseos de la aldea en lugar de tomar partido por su hijo.

Una atracción es su deseo de ser aceptada por la aldea. Otra es su instinto de supervivencia. La tercera es su necesidad de reaccionar ante el temor de que ella y su hijo sean castigados, perseguidos o matados por los habitantes de la aldea. Este temor es una respuesta normal a una amenaza anormal de violencia psíquica o física. La cuarta atracción es el amor instintivo de la madre por su hijo y su deseo de protegerlo.

La madre de un hijo que es distinto ha de poseer mucha resistencia.

Durante varias generaciones la madre que deseaba ganar el aprecio de los demás para su propia persona y para sus hijos necesitaba las cualidades que culturalmente le estaban prohibidas : vehemencia, intrepidez y fiereza.

Desde tiempo inmemorial un acto considerado heroico ha sido el remedio de la entontecedora ambivalencia.

Como madre derrumbada: Al final, la mamá pata ya no puede soportar el acoso que sufre el hijo que ella ha traído al mundo. Pero lo más revelador es que ya no puede tolerar el tormento que a ella misma le causa la comunidad como consecuencia de sus intentos de proteger a su "extraño" hijo. Y entonces se derrumba y le grita al patito: "Ojalá te fueras de aquí". Y el desventurado patito se va.

Cuando las personas se derrumban, suelen resbalar hacia uno de los tres estados emocionales siguientes : un lío (estan confusas), un revolcadero (creen que nadie comprende debidamente su tormento) o un pozo ( una repetición emocional de una antigua herida, a menudo una injusticia no reparada y por la que nadie pagó).

Cuando una madre se ve obligada a elegir entre su hijo y la cultura, nos encontramos en presencia de una cultura terriblemente cruel y desconsiderada.

Como madre no mimada: la imagen representada por la mamá pata es, como se puede ver, muy ingenua y poco sofisticada. Es una madre frágil. Hay muchas razones por las que un ser humano se puede comportar de esta manera: por ser una persona muy insegura desde el punto de vista psíquico, también por estar psiquicamente lastimada hasta el extremo de considerarse indigna de ser amada.

A una madre se la tiene que mimar para que mime a su vez a sus hijos.

 

Con casi todas las plumas alborotadas y un aspecto extremadamente lastimoso, el patito feo, corrió sin parar hasta que llegó a una marisma. Allí se tendió al borde del agua con el cuello estirado, bebiendo agua de vez en cuando. Dos gansos lo observaban desde los cañaverales.

- Oye, tú, feucho -le dijeron en tono de burla- ¿quieres venir con nosotros al siguiente condado?. Allí hay un montón de ocas solteras para elegir.

De repente se oyeron unos disparos, los gansos cayeron con un sordo rumor y el agua de la marisma se tiñó de rojo con su sangre. El patito feo se sumergió mientras a su alrededor sonaban los disparos, se oían los ladridos de los perros y el aire se llenaba de humo.

Al final, la marisma quedó en silencio y el patito corrió y se fue volando lo más lejos que pudo. Al anochecer llegó a una pobre choza; la puerta colgaba de un hilo y había más grietas que paredes. Allí vivía una vieja andrajosa con su gato despeinado y su gallina bizca. El gato se ganaba el sustento cazando ratones. Y la gallina se lo ganaba poniendo huevos.

La vieja se alegró de haber encontrado un pato. A lo mejor, pondrá huevos, pensó, y, si no los pone, podremos matarlo y comérnoslo. El pato se quedó allí, donde constantemente lo atormentaban el gato y la gallina, los cuales le preguntaban:

- ¿ De qué sirves si no puedes poner huevos y no sabes cazar?

- A mí lo que más me gusta es estar debajo – dijo el patito, lanzando un suspiro- ,debajo del vasto cielo azul o debajo de la fría agua azul.

El gato no comprendía qué sentido tenía permanecer debajo del agua y criticaba al patito por sus estúpidos sueños. La gallina tampoco comprendía qué sentido tenía mojarse las plumas y también se burlaba del patito. Al final, el patito se convenció de que allí no podía gozar de paz y se fue camino abajo para ver si allí había algo mejor.

El gato y la gallina

El gato despeinado y la gallina bizca consideran estúpidas e insensatas las aspiraciones del patito. Su actitud nos ofrece una perspectiva de la susceptibilidad y los valores de los que se burlan de los que no son como ellos. ¿Quién podría imaginar que un gato le gustara el agua? ¿Quién podría imaginar que una gallina se fuera a nadar? Nadie, por supuesto. Pero demasiado a menudo desde el punto de vista del exiliado, cuando las personas no son iguales, la inferior es siempre exiliada.

El patito vive la misma experiencia que miles de personas exiliadas, la de la incompatibilidad básica con personas distintas, lo cual no es culpa de nadie, aunque casi todos los exiliados se muestran excesivamente serviles y actúen como si ellos tuvieran personalmente la culpa.

Los patos no tienen nada de malo, os lo aseguro, ni los cisnes tampoco. Pero los patos son patos y los cisnes son cisnes. ¿Y si, usted, se hubiera criado con ratones pero fuera un cisne? Los cisnes y los ratones suelen aborrecer sus respectivos alimentos. Los unos piensan que la comida de los otros huele muy raro. No tienen el menor interés en estar juntos y, si lo tuvieran, el uno se pasaría el rato hostigando al otro.

¿Y si, siendo un cisne, tuvieras que fingir que eres un ratón? ¿Y si tuvieras que fingir que eres de color gris, peluda y minúscula? ¿Y si dondequiera que fueras intentaras caminar como un ratón pero cada vez que lo hicieras sonara un claxon? ¿No serías la criatura más desgraciada del mundo?. La respuesta es inequivocamente sí.

El patito llegó a un estanque y, mientras nadaba, notó que el agua estaba cada vez más fría. Una bandada de criaturas volaba por encima de su cabeza; eran las más hermosas que él jamás hubiera visto. Desde arriba le gritaban y el hecho de oír sus gritos hizo que el corazón le saltara de gozo y se le partiera de pena al mismo tiempo. Les contestó con un grito que jamás había emitido anteriormente. En su vida había visto unas criaturas más bellas y nunca se había sentido más desvalido.

Dio vueltas y más vueltas en el agua para contemplarlas hasta que ellas se alejaron volando y se perdieron de vista. Entonces descendió al fondo del lago y allí se quedó acurrucado, temblando. Estaba desesperado, pues no acertaba a comprender el ardiente amor que sentía por aquellos grandes pájaros blancos.

Se levantó un viento frío que sopló durante varios días y la nieve cayó sobre la escarcha. Los viejos rompían el hielo de las lecheras y las viejas hilaban hasta altas horas de la noche. Las madres amamantaban a tres criaturas a la vez a la luz de las velas y los hombres buscaban a las ovejas bajo los blancos cielos de medianoche. Los jóvenes se hundían hasta la cintura en la nieve para ir a ordeñar y las muchachas creían ver los rostros de apuestos jóvenes en las llamas del fuego de la chimenea mientras preparaban la comida. Allá abajo en el estanque el patito feo tenía que nadar en círculos cada vez más rápidos para conservar su sitio en el hielo.

Una mañana el patito se encontró congelado en el hielo y fue entonces cuando comprendió que se iba a morir. Dos ánades reales descendieron volando y resbalaron sobre el hielo. Una vez allí estudiaron al patito.

-Cuidado que eres feo -le graznaron- Es una pena. No se puede hacer nada por los que son como tú.

Y se alejaron volando..

Por suerte pasó un granjero y liberó al patito rompiendo el hielo con su bastón. Tomó en brazos al patito, se lo colocó bajo la chaqueta y se fue a casa con él. En la casa del granjero los niños alargaron las manos hacia el patito, pero éste tenía miedo. Voló hacia las vigas y todo el polvo allí acumulado cayó sobre la mantequilla. Desde allí se sumergió directamente en la jarra de la leche y, cuando salió todo mojado y aturdido, cayó en el tonel de harina. La esposa del granjero lo persigió con la escoba mientras los niños se partían de risa.

El patito salió a través de la gatera y, una vez en el exterior, se tendió medio muerto sobre la nieve. Desde allí siguió adelante con gran esfuerzo hasta que llegó a otro estanque y otra casa, otro estanque y otra casa, y se pasó todo el invierno de esta manera, alternando entre la vida y la muerte.

El Hielo

El patito se queda atrapado en el hielo del estanque. El patito que se queda atrapado en el hielo del estanque se congela. Lo peor que puede hacer una persona es congelarse. La frialdad es el beso de la muerte de la creatividad, de la relación y de la vida.

Mostrarse frío equivale a carecer de sentimientos. Estar congelado significa en un ser humano carecer deliberadamente de sentimientos, especialmente hacia la propia persona, pero también y a veces más todavia, hacia los demás. Hay personas que se comportan como si el hecho de mostrarse frías fuera una hazaña. Pero no lo es. Es un acto de cólera defensiva.

Aunque se trate de un mecanismo de autoprotección, es algo muy duro para la psique espiritual. Se trata de un problema muy serio, pero el cuento nos da una idea. El hielo se tiene que romper y el alma se tiene que sacar del frío glacial.

Casa del granjero

El patito feo empieza a comportarse como si fuera tonto, es uno de esos que no hacen nada a derechas…echa polvo sobre la mantequilla y cae en el tonel de la harina, no sin antes haber caído en la jarra de leche. Todos hemos tenido momentos así. Todo lo hacemos al revés. Intentamos arreglarlo y todavía es peor. Al patito no se le había perdido nada en aquella casa. Pero ya vemos lo que ocurre cuando uno está desesperado. Acude donde no debe y hace lo que no debe.

El patito feo va de un lado para otro en busca de un lugar donde descansar. Aunque, a veces, el instinto que nos indica adónde tenemos que ir no esté plenamente desarrollado, percibimos que el instinto que nos induce a seguir vagando hasta encontrar lo que necesitamos se mantiene intacto.

No obstante en el "síndrome del patito feo" hay a veces una especie de patología. Uno sigue llamando a las puertas a las que no debe, a pesar de constarle que no tendría que hacerlo. Cuesta imaginar que una persona pueda saber qué puertas son las equivocadas cuando nunca ha sabido lo que era una puerta apropiada. Sin embargo las puertas equivocadas son las causantes de que una persona se vuelva a sentir una vez más una proscrita.

Esta "búsqueda del amor en todos los lugares equivocados" es la reacción al exilio.

El granjero que se lleva el patito a casa significa un personaje en el exilio. El episodio contiene una idea interesante. La persona que quizá nos saque del hielo y que tal vez nos pueda liberar psiquicamente de nuestra falta de sentimientos no va a ser necesariamente la que nos corresponda. Podría ser, como en el cuento, uno más de esos magníficos pero fugaces acontecimientos que aparecieron cuando menos esperábamos, un acto de bondad de un forastero de paso.

Así volvió el suave soplo de la primavera, las viejas sacudieron los lechos de pluma y los viejos guardaron sus calzoncillos largos. Nuevos niños nacieron en mitad de la noche mientras los padres paseaban por el patio bajo el cielo estrellado. De día las muchachas se adornaban el pelo con narcisos y los muchachos contemplaban los tobillos de las chicas. Y en un cercano estanque el agua empezó a calentarse y el patito feo que flotaba en ellas extendió las alas.

Qué grandes y fuertes eran sus alas. Lo levantaron muy alto por encima de la tierra. Desde el aire vió los huertos cubiertos por sus blancos mantos, a los granjeros arando y toda suerte de criaturas, empollando, avanzando a trompicones, zumbando y nadando. Vio también en el estanque tres cisnes, las mismas hermosas criaturas que había visto el otoño anterior, las que le habían robado el corazón, y sintió el deseo de reunirse con ellas.

¿Y si fingen apreciarme y, cuando me acerco a ellas, se alejan volando entre risas?, pensó el patito. Pero bajó planeando y se posó en el estanque mientras el corazón le martilleaba con fuerza en el pecho.

En cuanto lo vieron, los cisnes se acercaron nadando hacia él. No cabe duda de que estoy a punto de alcanzar mi propósito, pensó el patito, pero, si me tienen que matar, prefiero que lo hagan estas hermosas criaturas y no los cazadores, las mujeres de los granjeros o los largos inviernos. E inclinó la cabeza para esperar los golpes.

Pero ¡oh prodigio! En el espejo del agua vio reflejado un cisne en todo su esplendor: plumaje blanco como la nieve, ojos negros como la endrinas y todo lo demás. Al principio, el patito feo no se reconoció, pues su aspecto era el mismo que el de aquellas preciosas criaturas que tanto había admirado de lejos.

Y resultó que era una de ellas. Su huevo había rodado accidentalmente hacia el nido de una familia de patos. Era un cisne, un espléndido cisne. Y, por primera vez, los de su clase se acercaron a él y lo acariciaron suave y amorosamente con las puntas de sus alas. Le atusaron las plumas con sus picos y nadaron repetidamente a su alrededor en señal de saludo.

Y los niños que se acercaron para arrojar migas de pan a los cisnes exclamaron:

- Hay uno nuevo.

Y, tal como suelen hacer los niños en todas partes, corrieron a anunciarlo a todo el mundo. Y las viejas bajaron al estanque y se soltaron sus largas trenzas plateadas. Y los mozos recogieron en el cuenco de sus manos el agua verde del lago y se la arrojaron a las mozas, quienes se ruborizaron como pétalos. Los hombres dejaron de ordeñar simplemente para aspirar bocanadas de aire. Las mujeres abandonaron sus remiendos para reírse con sus compañeros. Y los viejos contaron historias sobre la longitud de las guerras y la brevedad de la vida.

Y uno a uno, a causa de la vida, la pasión y el paso del tiempo, todos se alejaron danzando. Los viejos, los maridos y las esposas también se alejaron danzando…y nos dejaron solos…con la primavera…y allá abajo junto a la orilla del río otra mamá pata empezó a empollar los huevos de su nido.

La primavera

El patito se encuentra en un tris de perder la vida. Se ha sentido solitario, ha pasado frío, se ha congelado, lo han hostigado y perseguido, han disparado contra él, ha sido abandonado, no le han dado de comer, se ha quedado absolutamente desamparado, al borde de la vida y la muerte sin saber lo que iba a ocurrir a continuación. Y ahora viene la parte más importante del cuento: se acerca la primavera, se acelera la llegada de la nueva vida, es posible un nuevo giro, un nuevo intento. Lo más importante es resistir y perseverar, pues la vida salvaje promete lo siguiente: después del invierno, viene siempre la primavera.

Resiste. Sigue resisitiendo. Haz tu trabajo. Encontrarás tu camino. Al final del cuento, los cisnes reconocen al patito como uno de los suyos antes de que él lo haga. Eso es muy típico en las personas exiliadas. Después de su duro peregrinaje, consiguen cruzar la frontera y entrar en su territorio doméstico, pero a menudo tardan algún tiempo en darse cuenta de que las miradas de la gente ya no son despectivas y con frecuencia son neutrales cuando no admirativas y aprobatorias.

Cabría pensar que tendrían que sentirse desbordadamente felices. Pero no es así. Durante algún tiempo por lo menos, esas personas, se sienten terriblemente desconfiadas. ¿De veras me aprecia esta gente? ¿De veras me encuentro a salvo aquí? ¿Me perseguirán? ¿Podré dormir ahora de verdad con los dos ojos cerrados? ¿Está bien que me comporte como …un cisne?.

Al cabo de algún tiempo los recelos desaparecen y se inicia la siguiente fase del regreso a la propia persona.

Los "patitos" son los niños que sufren de marginación y exclusión.
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